Si el producto o servicio no está a la altura

Cuando un particular adquiere algo de una empresa goza de una adecuada protección respecto a los bienes y servicios defectuosos. Si se encuentra una deficiencia en los seis meses posteriores a la compra, el producto o servicio será considerado como deficiente salvo que la empresa pueda demostrar que dicho defecto es atribuible al comprador.

Las disputas entre particulares y empresas pueden ser dirimidas por la Oficina Nacional de Reclamaciones de los Consumidores (ARN). La diferencia se examinará únicamente en base a la documentación disponible, adoptando la citada instancia una resolución que la mayoría de las empresas suelen acatar. De no hacerlo, tendrá que resolverse la controversia en un juzgado de primera instancia, donde la decisión de la ARN constituirá una prueba de peso.

Si se compra a alguien que no es empresario o una empresa adquiere algo a otra, deberá examinarse cuidadosamente el producto. Si la deficiencia hubiera podido detectarse en una inspección minuciosa del artículo, el comprador deberá asumir el defecto. Por el contrario, si el vendedor declara que el producto no es defectuoso y demuestra serlo, tiene que responsabilizarse del fallo.

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